Miradas directas y miradas furtivas que son ciertamente las mismas. Gestos breves casi inmóviles que son auténticos comunicados como esos roces que valen más que muchos falsos abrazos. Choques inesperados capaces de parar la rutina del tiempo y encuentros fortuitos que son como
incendios y cataclismos que te cortan el
aliento. Busco contactos visuales desde el otro lado del semáforo de los que expresan algo más que deseo mientras hay tráfico y pálpitos que se saben mutuos en la cola del supermercado
porque siempre se reflejan mudos en los espejos de los necesitados. Busco movimientos
que apenas visibles son bailes inauditos como las posturas estáticas de ciertas estatuas que son las señas de la lengua de las gigantes y prófugas ganas de cambiar de cara de las visiones que dejan las manos paralizadas y las retinas quemadas o de simples Tropiezos que se repiten una y otra vez y que te dicen: busco en el ascensor, en el autobús, en el metro y en el avión o aunque sea en el taxi. Solo un casi.
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